Adicciones a las redes sociales

                                        INSTITUTO SUPERIOR JOSE  VASCONCELOS


EDUARDO JAFET DORANTES MENA

JAIR OCAMPO NIETO 

3°D


                                                Las adicciones a las redes sociales 

Las redes sociales constituyen una nueva forma de interacción, una nueva puerta que genera distintas posibilidades en el ámbito de las relaciones personales y profesionales. Las causas de la popularidad de las redes sociales se deben a muchos factores, lo que es innegable es que a día de hoy representa uno de los pilares de la comunicación.

Sin embargo, en ocasiones, el uso de las redes sociales comporta un riesgo importante. Así ocurre cuando las personas reducen su universo al filtro constante de las redes sociales, desplazando los vínculos presenciales a un segundo plano. La adicción a las redes sociales forma parte de un nuevo tipo de patología: las adicciones comportamentales, es un hecho real que produce mucho sufrimiento a quien lo padece. Una nueva realidad que requiere de un tratamiento integral y de nuevas formaciones profesionales como másteres y postgrados en adicciones comportamentales. Por esta razón, en Psicología-Online, abordamos las causas, consecuencias y soluciones de la adicción a las redes sociales.



5 causas de adicción a las redes sociales

Comenzamos este artículo sobre las causas, consecuencias y soluciones de la adicción a las redes sociales hablando de los motivos más habituales que condicionan esta situación. Las principales causas de la adicción a las redes sociales son las siguientes:

Normalización: del uso de las redes sociales. Uno de los factores que influye en el desarrollo de la dependencia hacia Instagram, por ejemplo, es la naturalidad con la que tantas personas comparten fotografías, escriben comentarios e interactúan con los demás. Una experiencia positiva y creativa que deja de serlo en el momento en el que la persona ya no disfruta de ello, sino que siente que su voluntad queda sometida por la necesidad constante de interacción.

Soledad: Internet es una ventana de relación social para todos. Sin embargo, quienes viven un periodo de soledad son más vulnerables ante el riesgo de dependencia porque observan en este vehículo de comunicación un sustituto de esos vacíos y carencias emocionales.

Alimento del ego: Algunas galerías de imágenes de Instagram proyectan un universo en el que la vanidad parece una constante a partir de imágenes protagonizadas por aquel que muestra sonrisas infinitas y un estilo de vida de ensueño. Pero, además, este deseo de mostrar una imagen de perfección también recibe un feedback en forma de “like”. Un tipo de lenguaje que ofrece una interacción inmediata y diferente a la de las relaciones presenciales. Es un riesgo confundir el número de seguidores con el valor de la autoestima.

Falta de límites: La adolescencia es uno de los periodos en los que los jóvenes son más vulnerables ante la falta de discernimiento de los posibles riesgos de las redes sociales. La falta de formación sobre el uso positivo de las redes sociales puede incrementar la confusión. Esta es una de las razones por las que los padres tienen también la responsabilidad de formarse para conocer el potencial de las redes sociales y la tecnología con el fin de hacer un buen uso de ella, ya que, además, el propio ejemplo de los padres también influye en los hijos.

Dificultades personales: Distintos factores, por ejemplo, barreras en el plano de las habilidades sociales pueden hacer que una persona se sienta aparentemente más cómoda al relacionarse a través de internet. El riesgo de esto es que el paciente desarrolla estrés y ansiedad cuando tiene que afrontar situaciones presenciales que salen fuera de su zona de confort.

Consecuencias de la adicción a las redes sociales

Dificultades para mantener la concentración. Aunque una persona esté físicamente presente en un lugar, su mente puede estar en otro totalmente distinto. Quien sufre adicción a las redes sociales consulta de forma compulsiva cualquier detalle, dejando en un segundo plano la realidad directa del día a día.

Alteración de los hábitos de sueño y descanso. La tendencia de vivir pegado a una pantalla altera el ritmo de vida en factores tan esenciales como estos. Por ejemplo, la costumbre de consultar el teléfono por la noche retrasa la hora del sueño o interrumpe el descanso nocturno.

Distorsión de la realidad. La persona se comporta como si el teléfono móvil fuese una prolongación de su ser tan importante como una parte de su propio organismo. Por ejemplo, se produce una pérdida de intimidad. La persona llega a la conclusión de que un momento es más feliz si lo comparte con los demás.

Falta de cuidado de la privacidad. Como consecuencia de esta pérdida de la esfera de la intimidad, quienes sufren adicción a Internet pierden el control de aquella información que comparten de sí mismos, es decir, no se dan cuenta de la cantidad de datos sobre su propia vida que facilitan a los demás. Gente que, en muchos casos, ni siquiera conoce en persona.

Vacío interior. Las redes sociales están marcadas por la interacción constante, pero, también, por lo efímero de esta forma de expresión. Una fotografía compartida en Facebook hace unas semanas es totalmente caduca a día de hoy. Por esta razón, este exceso de actividad que queda en el plano de la superficialidad, deja tras de sí una inmensa sensación de vacío ante la alta demanda emocional de reconocimiento ajeno.

Soluciones para tratar la adicción a las redes sociales

El primer paso es tomar conciencia del problema. Ser sincero con uno mismo para observar esta limitación al comprender cómo esta adicción está afectando al paciente no solo en su vida personal sino, también, en el plano académico o profesional.

Además, es conveniente pedir ayuda psicológica de un experto especializado en la materia para hacer terapia. El experto realizará un diagnóstico de la situación inicial para, a partir de ese momento, concretar un tratamiento individualizado que eleve la resiliencia del afectado frente a esos estímulos que generan algún tipo de malestar.

Cómo prevenir la adicción a las redes sociales

Más allá del tratamiento específico que puede plantearse a modo de solución, es conveniente tomar medidas de prevención. ¿Cómo lograrlo?

Prioriza siempre tus relaciones y conversaciones presenciales. Esta es una premisa de referencia para no hacer de un medio como las redes sociales un fin en sí mismo.

Disfruta de la expansión de la intimidad desde la libertad. Es decir, cuando disfrutes de un plan, olvídate de fotografiar ese instante para subirlo a tus redes. Es mejor que observes los detalles de ese día para guardarlos y sentirlos en la memoria de tus retinas. ¿Significa eso que no puedes hacer nunca una fotografía? Significa que debes encontrar el equilibrio de vivir haciendo fotografías cuando realmente tengan un sentido.

Apaga el teléfono móvil tres horas cada día o déjalo en otra habitación distinta cuando estés en casa. Es recomendable que entrenes ideas prácticas y concretas para disfrutar de las redes sociales con medida. Para ello, también puedes establecer un horario de uso y concretar un momento del día en el que las mires por última vez.

Recuerda cómo era tu vida antes de la llegada de las redes sociales. En lo esencial, era exactamente igual que ahora. Si necesitas recordar aquel tiempo, entonces, disfruta de películas antiguas que te muestren un estilo de vida anterior a lo tecnológico.

Formación educativa. Es recomendable que en los centros académicos se programen charlas sobre este tema para profesores, padres y alumnos. Charlas que traten la adicción a las redes sociales: causas, consecuencias y soluciones. El acceso y la multifuncionalidad que ofrecen las redes sociales son elementos atractivos que encuentran los adolescentes para conectarse; es decir, los adolescentes pueden tener libre acceso a todo tipo de contenido mediante el uso de las redes sociales y, paralelamente, pueden realizar tareas, ya que pueden abrir más de dos pestañas mediante las páginas web o pueden escuchar música y hacer la tarea al mismo tiempo. Ello genera en el adolescente sensaciones de placer, cambios conductuales y emocionales, evidenciándose una adicción psicológica (Echeburúa & Requenses, 2012). Las consecuencias que experimentan los adolescentes se reflejan en el sueño alterado, ya que prefieren estar conectados durante las noches, disminuyendo las horas de sueño; otro aspecto es el patrón de hambre alterado, que consiste en comer rápido y desordenadamente para poder conectarse inmediatamente; asimismo, descuido de la higiene personal y cambio de estilo de ocio, donde existe un desinterés absoluto por el deporte u otras actividades para estar conectado a las redes sociales.

También se mencionan consecuencias que parten desde la irritabilidad, estado de humor oscilante y bajo rendimiento académico (Matalí & Alda, 2008).

En el contexto social peruano, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (2011), a través de una Encuesta Nacional de Hogares, observó que un 43.3% de mujeres y un 38.6% de varones entre 11 y 20 años de edad usan Internet. Asimismo, Cruzado, Matos y Kendall (2006) refieren que el Perú es el segundo país latinoamericano en cuanto a tasa de penetración de Internet (11,5 usuarios/100 habitantes), y la Organización Mundial de la Salud (2008) señala que una de cada cuatro personas sufre trastornos de

conducta y problemas en sus relaciones interpersonales relacionados con las nuevas adicciones. existe una relación inversa altamente significativa entre la adicción a las redes sociales del Internet y las habilidades sociales en los adolescentes. Lo que indicaría que, a medida que la adicción a las redes sociales se incrementa, el nivel de habilidades sociales decrece y viceversa. Esto obedecería a lo expuesto por Goldberg (1995), quien sostuvo que los factores de riesgo más implicados en esta adicción son: el aburrimiento y carencia de relaciones u objetivos, la falta de habilidades para desenvolverse en el mundo real, la timidez, la búsqueda de sensaciones en personas solitarias y la ausencia de una autoestima adecuada. Asimismo, Jiménez y Pantoja (2007) refieren que un adicto, en general, es una persona que presenta inhabilidad social o menor habilidad para soportar los aumentos de su tensión psíquica. En contraste, los sujetos no adictos son más equilibrados y logran un mayor control de sí mismos cuando están frente a elementos estresantes tanto internos como externos.



Es por ello que el joven sin amigos tiende a utilizar excesivamente el ordenador, donde la constante lucha contra el aburrimiento se enmarca en la búsqueda de relaciones online (Ceyhan, 2008). Existe una correlación inversa altamente significativa entre las habilidades sociales avanzadas y la adicción a las redes sociales. Estos resultados guardan relación con lo expuesto por Petrie y Gunn (1998), asegurando que las personas dependientes del Internet suelen ser susceptibles, vigilantes y privadas, orientadas a una tendencia hacia la introversión.

Sin embargo, en contraposición a estos resultados, Balaguer (2003) demostró que el ciberespacio, y particularmente el chat, el Messenger y las redes sociales, proveen a los sujetos de un nuevo espacio psicosocial en el cual pueden tener cierta catarsis de la vida posmoderna, así como desplegar aspectos personales y sociales, de forma tal que la historia no guarda antecedentes. Asimismo, permite a millones de jóvenes establecer comunicación entre sí, lo que genera que se llegue a cifras de usuarios tan altas como las alcanzadas por sitios como Myspace, Facebook o Flickr. La discrepancia entre estas posturas se debería posiblemente a que gran parte de la investigación hasta ahora descrita sobre la adicción a las redes sociales presenta dificultades metodológicas referidas a los procedimientos de selección de la muestra a través de voluntarios procedentes de la propia red (Young, 1998), que pueden ser únicamente representativos de un subgrupo específico de internautas.

Con respecto a la adicción a las redes sociales del Internet, se encontró que, por cada 10 alumnos, cinco presentan tendencias a desarrollar conductas adictivas hacia estas, lo que se reflejaría en los estudios realizados por Greenfield (1999), donde se demostraría que esta nueva adicción, es más peligrosa entre los más jóvenes, ya que seis de cada 10 niños y adolescentes corren el riesgo de volverse tecnoadictos. Asimismo, según un informe que recopila datos sobre Internet y las redes sociales, provisto por la agencia de medios Mindshare, el 45% de los adolescentes argentinos navega en Internet los siete días de la semana; casi un 15% permanece conectado más de tres horas por día, un 10% navega entre dos y tres horas, mientras que casi el 35% (el segmento mayoritario) lo hace entre una y dos horas diarias. Sin embargo, y contrariamente a estos estudios, parece haber quedado claro que el tiempo no es una razón válida para el diagnóstico. Muchos individuos, por razones de trabajo o estudios, deben pasar muchas horas conectados, delante de la computadora, pero eso no les convierte automáticamente en adictos (Lamb & Davidson, 2002).

cualquier comportamiento normal placentero es susceptible de convertirse en una conducta adictiva si la persona pierde el control cuando desarrolla una actividad determinada, continúa con ella a pesar de las consecuencias adversas, muestra una dependencia cada vez mayor de esa conducta que está precipitada por un sentimiento que puede oscilar desde un deseo moderado hasta una obsesión intensa–, sufre síndrome de abstinencia si no puede practicarla y, por último, pierde interés por otro tipo de conductas que previamente le resultaban satisfactorias. Más aún que en esta nueva cultura digital se presentan posibilidades de expresión, agrupamientos y búsqueda de satisfacciones libidinales que nuestra cultura occidental parecía ya no brinda.

Sin embargo, aun cuando las personas hagan un uso inadecuado contraproducente de las redes sociales del Internet, resulta prematuro. Irnos a un trastorno de adicción. Navegar por la red puede ser, en sentido estricto, una pauta de comportamiento adictivo donde aparecen síntomas de abstinencia, pérdida de control, abuso y obsesión, pero no suele caracterizarse por la adopción de conductas tan autodestructivas como en el caso del resto de las adicciones (Echeburrúa, 1999). En ese sentido, la incorporación de la tecnología en las escuelas parte de la búsqueda auténtica en la renovación metodológica y transformación educativa, donde el nuevo marco de competencia exige cambios profundos en los procesos de enseñanza-aprendizaje (Carbonell, 2014).

Una prevención eficaz debe ir más allá de la simple información, ya que ésta, por sí misma, no cambia actitudes ni comportamientos. Por ello, es necesario que el proceso informativo vaya acompañado de actuaciones sobre la salud y el bienestar personal, la mejora de la autoestima, la toma de decisiones y la resolución de problemas, el afrontamiento de la presión social y la regulación de las emociones negativas, así como sobre las habilidades sociales y de comunicación. Así mismo, resulta del todo necesario incidir sobre la educación en valores y las alternativas para el ocio.

Los padres y educadores deben ayudar a los adolescentes a desarrollar la habilidad de la comunicación cara a cara, lo que, entre otras cosas, supone:

Limitar el uso de dispositivos tecnológicos y pactar las horas de uso del ordenador. Así, por ejemplo, una buena estrategia es fijar un horario limitado para leer y responder correos electrónicos o conectarse a Internet.

Facilitar la relación social cara a cara con otras personas. Potenciar aficiones tales como la lectura, el cine y otras actividades culturales. Estimular el deporte y las actividades en equipo. Desarrollar actividades grupales, por ejemplo, las vinculadas al voluntariado. Fomentar la comunicación y el diálogo en la propia familia.

Si un adolescente da muestras de una dependencia de Internet o de las redes sociales, es importante ayudarle en la solución de los problemas planteados como causa o consecuencia de la adicción y en el cambio del estilo de vida. A veces, el abuso de las redes sociales puede ser el humo (síntomas visibles) que anuncia la existencia de un fuego oculto (problemas no resueltos). Por ello, hay que abordar la dependencia con una perspectiva amplia y ofrecer las soluciones adecuadas en cada caso y en cada circunstancia.


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